Feliz exterogestación, Pau 💫

Y así, de repente, ya han pasado nueve meses. Nueve meses desde que dentro de mí dejaron de latir dos corazones. Nueve meses de aquel parto tan revolucionario. Nueve meses de piel, leche y oxitocina. Nueve meses que en realidad son dieciocho: nueve meses dentro y nueve meses fuera. 

Y así, de repente, cruzamos la exterogestación. ¿Exterogestaqué?, Sí, vivimos en una sociedad que está tan desconectada de la maternidad que, a día de hoy, ignora incluso la existencia de la exterogestación. No es casualidad que durante el postparto nuestras vecinas, la charcutera o la mujer que coincide con nosotras en el autobús, nos cuestionen cuando nos ven fusionadas a nuestras criaturas. Interpelándonos directamente con comentarios del tipo, “la estás malacostumbrando y será incapaz de salir de tus brazos” o “utiliza la teta de chupete”. 

No, no los malacostumbramos. Los acompañamos de manera consciente. Porque sí, los bebés, a diferencia del resto de mamíferos, nacen inmaduros. Y, por ello, tras el parto, requieren de, aproximadamente, nueve meses para completar su gestación fuera del útero. Un periodo en el que lo que necesitan es simplemente eso: piel, contacto materno y leche. 

Por eso, la exterogestación es determinante para los bebés y, para que pueda ser vivida de manera respetada y placentera, necesitamos permisos de maternidad que lo permitan. Un mercado laboral que lejos de querernos productivas inmediatamente, nos de el tiempo que necesitamos. Porque, recordemos, solo si cuidamos a las madres cuidaremos las criaturas.

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